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Santa Rosa de Santa Maria

RELIQUIAS

(Visión notable de Santa Rosa comunicada al doctor Castillo sobre el valor de los sufrimientos)

suspensa estaba yo en la luz unitiva de contemplación quietísima, cuando vi un relámpago de admirables resplandores y hermosura. En el centro de esta claridad deslumbradora estaba un arco vistosísimo, matizado de bellísimo reflejos y arreboles. Sobre este arco se veía otro de igual grandeza y hermosura, que remataba con la cruz del Salvador, retocada de púrpura, humedecida de sangre, barrenados los lugares delos clavos y coronada con el título triunfal de Redentor. Lo interior de este iris divino lo llenaba la humanidad sacratísima de mi Señor Jesucristo, despidiendo rayos de tanta gloria cual nunca me había sido mostrada. Plugo a su dulce bondad comunicarme fuerzas extraordinarias maravillosamente vivas y eficaces con que pudiese por mucho tiempo y muy a mi gusto mirar de hito en hito a mi rey magnificentísimo, registrando toda su hermosura. Porque entonces no le veía, como otras veces, de lado, ni solo me manifestaba la cabeza y pecho, sino que le contemplaba derechamente y cara a cara, de la cabeza a los pies.

Saliendo de la humanidad de Jesucristo, sentí llegaban hasta el fondo de mi alma llamas inexplicables de gloria, de suerte que pude pensar que estaba totalmente libre de las prisiones de esta carne corruptible y trasladada a los gozos bienaventurados de la fruición eterna.
Después de esto, aquel Señor, cuya hermosura excede sin comparación a cuanta está repartida entre los hijos de los hombres, puso delante de mis ojos dos balanzas y no sé que pesas. Luego se acercaron numerosos escuadrones de ángeles con festivo ornato y resplandor ilustre, los cuales hicieron reverencia e inclinación al Señor de la majestad. Juntáronse igualmente en copioso número almas felices, que haciendo reverencia y adoración al Salvador, a semejanza de los ángeles, se pusieron aparte en lugar separado.

Los ángeles, tomando las balanzas y las pesas, comenzaron a cargar aflicciones sobre aflicciones, amontonando unas sobre otras como si quisiesen averiguar puntualmente la molestia de cada una. Cuando es esto estaban más empeñados, se entró Cristo de por medio y, tomando para si este oficio, por se superior al arbitrio y juicio de los ángeles, con sus propias manos levantó el peso y le puso en el fiel, y de los montones que estaban puestos en la balanza, repartió aflicciones a las almas que estaban allí presentes, entre las cuales puso para mí una porción muy grande de adversidad. Después, poniendo de nuevo las pesas en las balanzas correspondiente, acumulaban gracias sobre gracias.

Y queriendo los ángeles que llegaron levantar y hacer peso, otra vez se entró por medio Cristo, para hacer con más atención esta función, digna tan sólo de su brazo omnipotente. Hizo el peso y con gran cuenta dividió entre las almas que estaban allí presentes aquellos preciosos montones de gracias, a proporción de las aflicciones que les había distribuido.
Entre las varias reliquias que se conservan en el santuario de santa Rosa de las Monjas, se encuentra un hueso del brazo izquierdo, una carta en el que agradece el chocolate que le envió su madrina, mercedes o heridas del alma, escala espiritual; manuscrito hológrafo de Sta. Rosa, escritas de su puño y letra, una cruz de su rosario, un diente de Santa Rosita, que se conserva en un relicario, una cruz grande de madera que ella cargaba cuando ella hacia sus penitencias, el primer cajon donde reposo sus restos, una pantufla de Santo Toribio, 2 eslabones de hierro, uno de los cuales pertenece a la cadena con que Santo Domingo moftificaba su cuerpo, y fue enviado de obsequio a este Santuario, además se conserva una falange del pie de San Martin de Porres y un pedazo de la carne incorrupta de San Juan Masías.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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